Se acercó cuidadosamente, conteniendo el aliento para no rozarla en el cuello. Ella miró de reojo su sombra, temiendo por su vida y a la vez, intentando ocultar sus ansias.
La bestia temía asustarla, escondía su rostro en la oscuridad. No tenía como sospechar que su precaución era en vano, ella ya lo había descubierto y lo estaba esperando, temblando, pero ya sin miedos.
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